R u p t u r i a n
Crítica a la hipótesis de la autoría de la Historia Verdadera por Hernán Cortés

El académico español Guillermo Serés critica la tesis de Christian Duverger y defiende la autoría de Bernal Díaz de
la obra que siempre se le ha atribuido en los siguientes términos:


El primer argumento de Duverger en defensa de su tesis es que Bernal fechó el libro “en esta muy leal ciudad de
Santiago de Guatemala, donde reside la Real Audiencia”, el 26 de febrero de 1568. El estudioso francés arguye
que “la Audiencia en esos años estaba en Panamá!”. Pero no es cierto: la Audiencia acababa de volver a
Guatemala el 15 de enero de aquel año (estuvo temporalmente en Panamá desde 1563). Un mes más tarde, el 26
de febrero, dató su escrito el anciano conquistador y actual encomendero, subrayando la noticia reciente y
seguramente con la esperanza de que la recuperada cercanía de la Audiencia serviría a sus intereses.

En el terreno estrictamente documental, el segundo argumento de Duverger se basa en que “la existencia de
Bernal está por primera vez documentada en 1544”. Pero los primeros datos que la certifican son de 1539, como
figura en el Archivo General de Indias (AGI, p. 55, nº 6 R. 2), en una probanza en que varios soldados dan fe de su
presencia.

Con esos errores en la base de su argumentación, bien poca fe cabe prestar a las otras especulaciones de
Duverger. Por otra parte, la evolución interna de la crónica en manos de Bernal está documentada con toda
claridad.

Mantiene Duverger que este, de ser el autor, debió de comenzar a escribir “a los 84 años, lo que sería un caso
portentoso de memoria”. No hay tal. La primicia de la que luego sería La historia verdadera... es una larga carta de
relación dirigida al Emperador en 1552, 16 años antes, que se complementa con otras dos de 1558 enviadas,
respectivamente, a Felipe II y a Las Casas. Como la primera no surtió efecto, en 1553 se enfrasca en la redacción
de un “memorial de guerras”, cuyo contenido y directrices irá ampliando hasta constituir la posterior Historia. Las
sucesivas fases de redacción se aprecian nítidamente, pues los primeros 18 capítulos de la crónica están muy
cerca del memorial; el tono, estilo y planteamiento solo varían sustancialmente a partir del capítulo XIX, cuando se
plantea rivalizar (“a las buenas llanas”, porque en su estilo “no van razones hermoseadas”) con la Historia de la
conquista de México (1552), de López de Gómara, que además le servirá de modelo para capitular la suya, y con
la Brevísima historia de la destrucción de las Indias (1555), de fray Bartolomé de las Casas, a quien desmiente en
tantos lugares. Y en 1585 Alonso de Zorita tenía ya noticia del trabajo de Bernal Díaz del Castillo.
Frente a testimonios internos y externos como esos sobre la génesis del libro, Duverger no da ninguna razón
positiva a favor de la autoría de Hernán Cortés. Sostiene, así, que el estilo de la crónica revela que su autor estaba
impregnado de prosa latina y construcciones propias del náhuatl, y que el estilo y cultura que la impregnan son
impropios de un soldado. Pero los giros del náhuatl en la prosa de Bernal, tras más de 30 años de vida en Nueva
España, son obvios. Por otra parte, de hecho la presunta cultura clasicista que asigna a Bernal se reduce a
algunas ristras de nombres sacados, por ejemplo, de textos tan difundidos como las Coplas de Jorge Manrique.
Maria Cortes
era la madre
de Hernan Cortes
Crítica a la hipótesis de la autoría de la
Historia Verdadera por Hernán Cortés

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